Para una aerolínea, sin duda, un hub es la mejor forma de generar beneficios. Pero, para los pilotos, operar en un aeropuerto hub es la prueba de fuego de su conciencia situacional. Es aquí donde se diferencia a un piloto promedio de uno excelente.
Y es que, como seguro imaginarás, entrar en el espacio aéreo de Frankfurt, Heathrow o Ámsterdam no es cualquier cosa. Estos son los factores críticos que deberás dominar:
Gestión de esperas y combustible
En un aeropuerto regional, sueles ir directo a la aproximación. En un aeropuerto hub, lo normal es entrar en una «fila de espera» (holding stack). Puedes estar dando vueltas 20 o 30 minutos antes de que te den permiso para aterrizar.
Y es que la densidad es brutal. El equipo de control de tráfico aéreo debe gestionar llegadas paralelas y salidas simultáneas con una precisión milimétrica. En estos entornos, la coordinación con la torre de control es vital para evitar incidentes.
Por supuesto, el cálculo del combustible del avión es vital. No puedes salir con lo justo; necesitas reservas para aguantar la congestión sin declarar emergencia.
El tráfico pesado
Los hubs concentran a los ‘pesos pesados’ de la aviación (A380, B777, A350). Aterrizar o despegar detrás de estos gigantes requiere respetar distancias de seguridad enormes.
Si eres un avión medio (como un A320 o B737) y entras en la estela turbulenta de un pesado en corta final, puedes perder el control. Por eso, en un hub, es fundamental afinar al máximo los tiempos entre despegues o aterrizajes.
Taxi y ‘Hot Spots’
Moverse por tierra en Barajas o París-Charles de Gaulle es más difícil que el propio vuelo. Hay cientos de calles de rodaje, cruces de pistas activas y zonas de alto riesgo de colisión (Hot Spots).
Navegar por el inmenso laberinto del area de maniobras de un aeropuerto hub requiere un conocimiento profundo de las cartas. Hay cientos de intersecciones y es fácil perderse si no estás atento a la señalización.